Te llevo en mi mano siempre cubierta de helecho,
morada de luciérnagas perdidas,
esporas salpicadas de espera germinando alegría.

Te llevo en mi mano siempre rosa enredadera sin espinas.
Galgo azul recorriendo praderas.
Mi mano abierta trae tus semillas.

Te llevo en mi mano siempre.
Descansando como una nube en la colina
mi palma te acoge en su valle y se inclina.
Tu mano me acaricia siempre con la brisa.

Sándalo en los pies,
ébano en la cara,
en mi espalda habita un ciprés buscando casa.