Érase. Menos que nada, en un pequeño rincón del alma, en una arruga invisible surcada de dolor y de esperanza.

Menos que nada, con una molécula brillante de agua que resbala, con un dedo que tiembla y suspira mientras anda. Menos que nada.

Ayer, callada, escondí en tu cara una semilla de amor para que te invada, un brote fresco de hierba, que dibuje en tu boca una sonrisa cada mañana.

Porcelana: Antonia Palau