Un cubo lleno de arena, desierto de agua, repleto de granos de esperanza, lo que queda de ella. Fuimos piedras que de tanto rodar, nos redujimos a miles y miles de corpúsculos que, cansados de vagar en el mar de las indecisiones, esperan.

El momento adecuado para convertirse en un castillo de arena, un picor en el ombligo, una pisada, un olvido, un rincón donde esconder el miedo, un colchón, un alarido, un grito de libertad, con agua o sin ella. ¡Y que suba la marea!

No te salves de las olas de tu corazón, ni de la sal, pero si de los ríos que no te llevan al mar. Todo es agua, lo sé, pero yo quiero volver a casa: blanca espuma de plata, luna llena vestida de noche que susurra estrellas a la orilla del mar.

¡Quiero volver a casa! ¡Caracola contigo¡ Vientre abierto donde juega el viento, peina palabras en tu pelo. Caracolas de viento que vienen y van. Dulces caracolas en el mar.