Me dicen barro cuando me llaman
Una gota de agua para un átomo de tierra.

Como un manto de niebla,
sin hora precisa, sin retorno.
Perdida la pista de despegue,
olvidada la senda del mar.
Flotando ligera, desalada.
Conozco cada hueco, cada piedra, cada grieta
en esta tierra amada.
Blanco es el color de mi espíritu,
Verde y lenta es mi mirada.
Incierto el momento,
Pesada la carga.

Un imán poderoso llama con urgencia al reposo,
en esta amada tierra.

Arquitectos de lo efímero,
escultores de lo invisible,
dibujamos con tierra caminos de agua…
para descansar,
para aliviar la ansiedad,
para disolver la fragilidad.

Si miras al cielo,
verás una nube
tendiendo con árboles para ti una escalera.

 

Intervención en el espacio en colaboración con Bjorn Hinners. Girona Temps de flors.