Al otro lado del espejo te vi llover.
Lloraban las piedras burbujas de aire para el mundo,
gérmenes de esperanza emergen en rocas calvas de ilusión.

Bosques fecundos en miniatura brotan de las grietas encarnadas,
cubren las vísceras expuestas a la tierra desnuda.
La pasión sangra oculta en las paredes de tu casa.
Te busco siempre entre arroyos cristalinos.
Envidio a los peces que tragan las perlas de tu inocencia.
Con las escamas de tu piel abandonada,
tejo mantos de ternura que abriguen tus dudas.

Lanzas mensajes de amor escondidos en el paisaje,
que yo escucho en silencio.
Libélulas azules bailan de dos en dos ese momento,
trasladan corazones invisibles que yo enciendo,
que miro con los ojos del cielo reflejados en el espejo.
Hay una película multicolor en ese límite intangible
donde se mezclan mis abrazos con tus abismos.

Me falta el agua,
te sobra el aire,
somos de tierra,
venimos del fuego.

Las raíces atraviesan,
apresando testigos mudos, a las piedras que nos unen,
peinando pudorosas el lugar del encuentro.
Al otro lado del espejo te encontré,
arrullando tus corrientes subterráneas de pecho dormido.

Hay un círculo para los dos,
una ventana abierta a universos escondidos.
Hay una línea que traza el camino.
Como este río que nace sin ruido,
que corre sin saber si llegará,
algún día a algún sitio.

Pongo mis manos en tu vientre,
para que veas al otro lado del espejo,
la vida corriendo libre por mis venas.

Intervención en el espacio en colaboración con Bjorn Hinners. Montseny, Catalunya.